La mujer que cumplió sus sueños y venció a los prejuicios.

Cada 9 de octubre se celebra el Día de las y los Guardaparques Nacionales, 557 mujeres y hombres que cuidan las reservas naturales de nuestro país. Una de ellas es Catalina Martínez, quien a lo largo de su carrera prestó servicios en la Patagonia, Cuyo, La Pampa y en tres misiones antárticas.

Catalina siempre tuvo en claro qué quería ser en la vida. A los 15, cuando en el colegio de monjas de Punta Alta, cerca de Bahía Blanca, donde estudió, le preguntaban qué quería ser de grande, respondía: “Guardaparques”, a pesar de que nunca había estado en un parque nacional…

Hoy, a sus 49 años, Catalina Martínez es una de las 94 mujeres (del total de 557 guardaparques) que cumplen tareas en alguna de las 49 Áreas Protegidas de la Argentina y que cada 9 de octubre celebran su día.

La chica que soñaba con la naturaleza

Desde General Acha, La Pampa, donde está la sede del Parque Nacional Lihué Calel, su actual destino, Catalina recuerda la adolescencia en Punta Alta. “Era muy chica y ya me gustaba la vida al aire libre, hacer excursiones a Monte Hermoso o a Sierra de la Ventana. Y en el viaje de fin de curso a Bariloche, mis compañeras me acompañaron a la sede de Parques para averiguar más de la carrera”.
En el 2010, participó en la primera misión antártica (a la Basa Esperanza) que incorporó mujeres guardaparques.

En el 2010, participó en la primera misión antártica (a la Basa Esperanza) que incorporó mujeres guardaparques.

Para cursar se requería una edad mínima de 21 años, por lo que, terminada la secundaria, decidió estudiar para Técnica Forestal, y se mudó, primero a San Martín de los Andes y luego, a Bariloche. En los tres años previos a viajar a Tucumán para recibirse de guardaparques, más precisamente a la localidad de Horco Molle, hubo más novedades: formó pareja con un futuro colega y fue mamá de Paula, su única hija.

“Fue un sacrificio grande porque cuando viajé a Tucumán tuve que separarme de mi familia. Éramos siete chicas de un total de 20 aspirantes los que integramos en 1997 la promoción 21 -la última que egresó, el año pasado, es la 31-. La carrera es muy intensa, con materias teóricas como ecología, botánica o fauna, que te dan un panorama de todos los ambientes del país porque uno no sabe dónde irá a trabajar. Entonces duraba un año con 3 meses de prácticas en algún Parque Nacional. Ahora para ingresar es requisito ser técnico en Guardaparques, que se estudia en varias universidades”.

El camino profesional

En el 2015 repitió ls experiencia en la Base Esperanza. Entre otras tareas, investigó el ciclo reproductivo de pingüinos, focas y lobos marinos.

En el 2015 repitió ls experiencia en la Base Esperanza. Entre otras tareas, investigó el ciclo reproductivo de pingüinos, focas y lobos marinos.

Los dos primeros destinos de Catalina fueron los parques Nahuel Huapi (en Villa La Angostura) y Lanín (San Martín de los Andes) durante más de una década, mientras su hija Paula cursaba la primaria y la secundaria. Hasta que apareció la oportunidad tan soñada: la Antártida.

“En el 2010 por primera vez permitieron mujeres en las campañas antárticas cortas. Fuimos dos las seleccionadas, una compañera a la Base Jubany -hoy llamada Carlini- y yo, a Esperanza”.

Después de la Antártida, Catalina tuvo un nuevo destino también en Neuquén, Laguna Blanca, cerca de Zapala, con el desafío de ser la intendenta del parque, es decir, su máxima autoridad. Y lo fue hasta fines de 2016, con un paréntesis: en el 2015 participó de otra breve campaña en la Base Esperanza.

Finalmente, en el 2017, fue la primera guardaparques en integrar una misión anual en la Antártida, esta vez en la Base Orcadas.

Finalmente, en el 2017, fue la primera guardaparques en integrar una misión anual en la Antártida, esta vez en la Base Orcadas.

La Antártida me fascina, me encantan los ambientes extremos, es increíble que haya vida ahí. Mi asignatura pendiente era una campaña completa, pasar un largo invierno. Pero las mujeres no estábamos autorizadas para hacerlo y la base no tenía instalaciones para recibirnos. Hasta que en 2017 se hizo la primera convocatoria para mujeres y fui elegida para la Base Orcadas, en la isla Laurie de ese archipiélago, poniendo fin a una marginación por cuestión de género. ¿Cuál es la tarea de un guardaparques en la Antártida? Por un convenio con la Dirección Nacional del Antártico participamos en proyectos de investigación. Por ejemplo, el seguimiento reproductivo de pingüinos en este caso, los Adelia y Barbijo, que son las especies más numerosas; también de aves, focas y lobos marinos”.

Después del continente blanco:
Cuando Catalina regreso de la Antártida tuvo como nuevo destino el Parque Sierra de las Quijadas, en San Luis, donde estuvo dos años, y a comienzos de este 2020 pasó al parque pampeano Lihué Calel, al que por culpa de la pandemia, pudo recorrer muy poco.

“Quijadas tuvo una novedad en mi carrera: ¡nunca había pasado tanto calor! En la Patagonia, cuando salía de recorrida, no hacía falta llevar agua, cada tanto hay un arroyito. En Quijadas no hay agua y en las recorridas, más de la mitad de la mochila eran botellas para calmar la sed sed. ¿Cómo es el día de un guardaparques? En Quijadas, a la mañana organizábamos el trabajo diario, quiénes hacen recorrida, o visitan algún poblador o cumplen monitoreos ambientales -como por ejemplo, censar la población de guanacos- a pie, en vehículos o a caballo. También asistimos a turistas o controlamos que no pasen a áreas que no están habilitadas”.

Ahora, Catalina está frente a un otro objetivo, estar a cargo de un parque. En pocas semanas irá a Santa Cruz, al Parque Perito Moreno, con cabecera en la ciudad de Gobernador Gregores, donde todo está por ser descubierto.

-Tengo una intriga, Catalina. ¿Dónde va de vacaciones un guardaparques?

-La Argentina tiene lugares increíbles… El que más me impresionó es el Iguazú, con esas cataratas imponentes. El glaciar Perito Moreno también lo es, pero como lo conocí después de estar en la Antártida, el impacto fue menor… Y no puedo dejar de mencionar a la cordillera mendocina… Cuando salimos de vacaciones con mi hija Paula, nos vamos de campamento, hacemos senderismo, nos sentarnos a tomar mate para apreciar un paisaje, mientras ella toma fotos o pinta.

-¿Conocés parques de otros países?

-Varios de Chile y el Machu Picchu, en Perú. Y así comprobé que la Argentina siempre ha sido pionera en cuanto a las áreas protegidas; somos ejemplo para muchos países.

-¿Cómo ves tu futuro profesional?

-Me quedan ocho años de carrera para jubilarme con el 100% y 30 años de servicio. Si bien yo he tenido suerte, en nuestra profesión faltan incentivos. La prueba es que de mi promoción, la mitad ya se retiró. En lo personal, el día después iré a mi casa en Villa La Angostura, mi lugar en el mundo. Allá puedo disfrutar del agua, de una senda, de la nieve.

-¿Qué consejo le das a una chica para seguir la carrera de guardaparques?

-El mismo que le di a mi hija: que haga lo que pide el corazón. No hay nada más hermoso que estudiar y trabajar en lo que uno ama. Frente a ese objetivo, cualquier sacrificio tiene sentido.

Fuente: Télam por Gabriel Esteban González

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *