Fuego en las Islas de Santa Fe: la guardaparque que lideró el combate al fuego en el humedal.

La Guardaparque Lorena Ojeda coordina las cuadrillas que salían de Alvear o Timbúes para apagar los incendios en el Delta. Dirigía a policías, bomberos y militares que al principio la miraban de reojo. Ahora es la primera directora de área en el Servicio Nacional de Manejo del Fuego. Su experiencia en el humedal:

Las islas del Delta del Paraná arden hace días, semanas, meses. Las autoridades convocan a brigadistas de todas las fuerzas especiales para sofocar dos fuegos: el de los humedales y la ira de los rosarinos hartos del humo. Al Centro de Operaciones de Alvear, llegan bomberos zapadores y voluntarios, policías provinciales y federales, e incluso militares. La gran mayoría son hombres. Pero necesitan líderes que los conduzcan en medio de la emergencia y entre las llamas. Parques Nacionales envía a tres jefes de cuadrilla para esa tarea específica. Son dos hombres y una mujer, la única líder entre tantos varones: Lorena Ojeda.

Lorena se hace cargo de grupos de diez, doce o catorce brigadistas según el día. Los integrantes rotan y cambian. Pero la misma dinámica se repite. Al principio, esos bomberos, policías y militares la miran con desconfianza. Le hablan con cierta ironía. Le dicen “jefa” con una media sonrisa en la cara. Después, se suben al helicóptero, cruzan al humedal y se topan con las lenguas de fuego que avanzan, retroceden y se arremolinan según el viento. La sequía es tan profunda que los incendios son subterráneos y continúan bajo tierra.

En medio de ese caos de calor y humo, ella ordena la tropa, indica dónde dar la batalla y dónde correrse. Cuándo atacar y cuando descansar. Qué días se pueden librar batallas ambiciosas para sofocar incendios forestales y cuándo las condiciones climáticas apenas dan para proteger viviendas y pobladores. Lorena, 35 años, formada en el Parque Nahuel Huapi de Bariloche, asume ese rol. A los días de trabajo, los brigadistas hombres le dicen “Lore” o “jefa”, pero ahora con otro tono, con reconocimiento.

“Estaba en el Parque Nacional Río Pilcomayo (Formosa) cuando me convocaron de urgencia a fines de julio. Necesitaban gente que conduzca las brigadas de incendios en el Delta. Fuimos con dos guardaparque de El palmar (Entre Ríos). Estuve 15 días en la base de Alvear, donde la mayoría eran hombres: bomberos, policías y de Unidades Militares de Respuesta a la Emergencia (Umre)”, cuenta la guardaparque a Rosario3.

“Al principio éramos tres conductores para 45 personas que variaban todos los días: tenías policías que venían por tres días, los bomberos que cambiaban cada cinco, los de la federal cada seis y los militares del Umre, por una semana. Eso influye en el trabajo porque no conocés a las personas, ni el ritmo o el régimen de entrenamiento y cuánto los podés exigir. Además, no se dedican a incendios forestales, tienen otro tipo de enfrentamientos y hay que saber conducirlos”, dice Lorena, que antes del Parque Pilcomayo, estuvo un año en la base Orcadas de la Antártida Argentina (hasta enero de 2019).

El colchón seco bajo tierra

“Después de esos 15 días en Alvear, que llegamos a ser 75 u 80 personas en un momento, fui a Timbúes para el armado de la otra base de operaciones”, sigue Lorena. Del combate al fuego, cuerpo a cuerpo en el humedal, le llamaron la atención varias cuestiones. Cosas distintas a los incendios que había enfrentado en Bariloche y alrededores.

El primer lugar, el humedal es plano y no hay lomas y bajadas como en las montañas. Tampoco hay un bosque con árboles añosos sino más bien pastizales y monte. “Me sorprendió el colchón de combustible en el piso, una hojarasca seca de 60 ó 70 centímetros de alto. Materia seca debajo del pasto. De eso te das cuenta cuando estás en el lugar, al pisar la tierra. En algunas zonas había un escalón de 40 ó 60 centímetros porque bajaba el suelo después de quemarse. Eso era una bomba”, apunta.

Lorena asegura que algunos sitios a los que iban a sofocar las llamas eran terrenos fiscales en donde no había vacas y no era fácil llegar. “Puede ser que prendan fuego para renovar el pastizal y quemar ese colchón seco y después meter ganado, si no es por eso no entiendo para qué”, analiza.

Recuerda haber cruzado a personas en dos oportunidaddes: “En un caso había tres peones a caballo apagando un foco. Nos metimos y les dimos una mano. Nos dijeron que lo prendió el vecino y se les cruzó a ellos. En otro lugar, pasaron tres o cuatro al galope y dijeron que estaban volviendo a una vivienda que se les iba a quemar. Yo podía ayudar pero no mucho más que eso: fuera de mi jurisdición no soy guardaparque”.

Jefa y directora

Antes de liderar el ICE (Incendios, catastrófes y emergencias) del Pre Delta, Lorena Ojeda comenzó en 2005 como brigadista en el Parque Nacional Nahuel Huapi. “Estuve siete años y después me hice guardaparque, en 2012. Bomberos trabaja en incendios estructurales pero Parques Nacionales se especializa en los forestales. Y no hay muchas mujeres. En Nahuel Huapi empezamos tres chicas pero después estaba yo sola entre 40”, recuerda la joven, nieta de guardaparques.

“Hay algunas colegas en la parte más técnica, de observación. A cargo de grupos en el terreno no he visto a otras mujeres”, dice y habla de la complicación de liderar a algunos hombres: “En Parques hablamos un mismo lenguaje y no tengo problemas pero con grupos ajenos a Parques sí noto resistencia. Cuando llegué al Delta me dijeron: «Bueno, Lore va a hacer la encargada del grupo». A algunos no les gusta. Pero eso es durante los primeros días, hasta que te ven y se sienten seguros; se dan cuenta que siempre cuido al grupo, que no los pongo en riesgo”.

Y agrega: “Al principio me decían «jefa» sobrándome y después el nombre queda. Los tenía cortitos y me cargaban. Hay que usar un buen criterio y soy de cuidar mucho a la gente. Es un trabajo muy cansador y de mucho días. A veces hay que estar cerca del fuego y otras no. Trato de explicar las órdenes porque no sirve una directiva que no entendés ni por qué ni para qué; está bueno que te expliquen”.

En septiembre, los incendios se multiplicaron en el país y muchos de los recursos que estaban concentrados para el humedal frente al Gran Rosario fueron repartidos en diez provincias. A principios de octubre, Lorena fue nombrada como directora de Operaciones y Logística del Servicio Nacional del Manejo del Fuego (SNMF), la primera mujer a cargo de un área de ese tipo.

Después de las lluvias en el área central del país, la situación mejoró las últimas semanas en términos generales. Se mantuvieron focos en Salta y Jujuy, y otros provincias. “Pero se tranquilizó, llegamos a tener doce provincias afectadas”, resume Lorena desde su nuevo cargo en la ciudad de Buenos Aires.

Desde una perspectiva nacional y con la experiencia en el territorio, analiza el ecocidio en el Delta: “Las provincias son las que tienen que ajustar la situación ahí. Con la información catastral podés saber a quién corresponde cada metro cuadrado y a quién no. Si tenés un fuego, nosotros como Nación, nos enteramos por Defensa civil o por Manejo del fuego de las provincias, que avisan a los coordinadores. Entonces, si tenés un fuego hace 15 minutos lo podés abordar con poca dimensión y tenés el dato de dónde se inició”.

“Las provincias, Entre Ríos en este caso, si hace siete meses que se está quemando tu territorio, tenés que actuar, con los fiscales también. Hay que cobrar multas a los responsable y que duelan”, dice y advierte algo más: mientras no haya una solución coordinada, los incendios y el daño ambiental continuarán. Y, por el viento predominante del noreste en la zona, Rosario seguirá afectada por el humo.

 

Fuente: Rosario3

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